Mi primer parto, prematuro. (II)

Seguía tumbada, en aquella cama de hospital.  Con sujetador (para no estimular de ningún modo los pezones, me dijeron) que se me clavaba hasta en el alma, sin poder tocarme la tripa ( para no estimular las contracciones, dijeron de nuevo), sin levantarme para nada y atada a esas vías,de las cuales, caían los medicamentos sin cesar.

Miraba por la ventana, gris , como mi humor, como mi cabeza, gris.  Entre contracciones, hablaba con mis amigos y familiares esa tarde. Aquella habitación de hospital era el punto de encuentro. Todos preocupados por mi y por el niño, pero nadie decía nada aunque yo, lo leía en sus ojos.

Yo no estaba preocupada, sabía que ya había comenzado el parto, pero sabía que mi niño estaría bien. Lo sentía dentro. 

Cuando todos se fueron, aquello empezó a subir de intensidad. Ya dolía  bastante, pero yo quería descansar, no quería llamar a nadie, no quería médicos, ni enfermeras, sólo quería descansar.

Mi madre no, entró  en bucle otra vez con el botón… (😥 😤😱:o)

Llegó la enfermera y otra vez a monitores. Efectivamente, había empezado el trabajo de parto y estaba dilatada de 3 cm.  Me llevaron a la habitación de dilatación, su plan era no tocarme, ni hacer nada si no hacia falta. No querían acelerar el proceso, era muy pequeño(29 semanas) y los jefes de neonatología llegaban a las 8 ( eran las 12 de la noche), les avisarían,  pero había que alargar el parto, contra más tiempo durara dentro, mejor.

Por supuesto, no me dejaron levantar de la cama, el tiempo transcurría entre dolores, que alcanzaban cotas que jamás pensé tener. Pero yo me sentía fuerte.  Pasaban las horas, 6 para ser más exacta, eran las 6 de la mañana cuando entraron corriendo dos ginecólogas, abriendo la puerta de un golpe…

– “Cris, corre ponte boca arriba, que no oímos al pequeño” colocaban las correas en mi tripa y subían el volumen de aquel cacharro infernal, al que estaba atada, mientras a mi me parecía que se me paraba el corazón del susto… ” pum pum, pum pum, pum pum” … “ya está, está aquí, todo bien…ufff que susto, se te había soltado un electrodo” dijo la médico.

En ese momento justo, me dio una contracción (mejor para ella… ) al verme la cara ( yo no grito,ni muerdo, ni me enfado, yo cuando estoy pariendo no puedo ni abrir la boca. No hago ruidos)  me preguntó si quería la epidural, “1 no, 7” le dije.

A las 6:30 más o menos de la mañana me pusieron la epidural y hasta las 8:45 pude descansar.  A esa hora llegó  mi nueva matrona, la mejor. Un cielo de persona, un apoyo emocional tremendo, un encanto y mi guía en aquella experiencia. 

– ” cariño, voy a hacerte un tacto, sabes lo que es? Voy a meter los dedos para saber como vas de dilatación, te parece??” Me preguntó.

– ” Si claro, hazlo”  le contesté.

–  ” UHHHHHHHHHH VAMONOS VAMOS VAMOS, AL PARITORIO,  QUE YA ESTÁ AQUÍ!!!!” Gritó  a sus compañeras.

En ese momento, empezó  a moverse todo a mi alrededor, mi madre me cogia la mano, nerviosa perdida. Las enfermeras corrían quitando los frenos a la camilla, mi matrona avisaba por teléfono a los neonatólogos, a las ginecólogas…

Y yo en medio de aquella avalancha, sin saber que hacer, que pensar, ni que decir… y se me estaba pasando el bolo de epidural. El miedo hizo de las suyas y entró en mi. Cuando empecé a decir que me dolía, en el pasillo camino del paritorio, llegó mi matrona.

-” Qué te pasa cielo mío ? Te duele? Ya está avisado el anestesista. Ya viene para acá, mientras tanto respira. Vamos que ya viene tu pequeño, verás  como te colma de amor, te va a devolver la luz”  Me dijo.

Cuando entré en el paritorio, aquello parecía  El Retiro, un domingo.  En él  estaban, dos ginecólogas, dos enfermeras, un auxiliar,el anestesista, mi matrona, mi madre… y yo. Pero cuando levanté  la cabeza y miré al frente, tras un cristal y en una “habitación” contigua estaban,  el jefe de ginecologia, la jefa de neonatos, los dos neonatólogos de mi hijo, y tres enfermeras de neonatos. 

Flipé.

Me apoyé en mi matrona,ella me daba paz, me enseñó como respirar, me tumbó en el potro y después de explicarme cómo hacerlo, empezaron los pujos.  En algún momento se quedó  parado el expulsivo, de repente no tenia contracciones y el niño había coronado ya. Todos se pusieron nerviosos y escuche como cortaban lo que parecía un filete… ¿Qué era?  La episiotomía, efectivamente.

-“Venga, un último empujón de los tuyos, y ya sale” dijo la gine.

Me vino la contracción, empujé y lloró…

Y todo el mundo suspiró aliviado. Le envolvieron  en una sábana y me lo dieron. Qué pequeño era, qué  pequeño… Eso sí, igual que su padre. Era un calco, era mi marido en chiquitito, mi mayor tesoro, mi hijo, nuestro hijo.

Andrés. 1.370gr y 42.5 cm.

Le di un beso y se lo llevaron. Y yo, comencé a llorar…

(CONTINUARÁ…)

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