Mis cositas ❤

Siente, siente cada milímetro de mi piel erizado por ti. En cada roce fugaz que siento de tus manos en mi cuerpo. 

La ilusión, lo nuevo, lo atrevido y lo prohibido, todo junto y todo en ti, como bocanadas de fuego consumiéndose en lo que no puede ser, en lo que no se puede decir.

Tu fuerza, tu mirada rompiendo mis esquemas, mis ojos descubriendo tu cuerpo, ese cuerpo y tus manos.

Tus carcajadas resuenan en mis momentos de quietud, quietud en la que apareces de repente, sin avisar y enseñándome a mirar más allá o no. Dándome miedo que estés aquí, aún sin estar. 

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Tu sonrisa, tus carcajadas, tus ojos brillantes, todo en ti hace que abra bien los ojos cuando estás cerca.

Me arrastras hacia ti cada día, como el mar con su gran halo de misterio. Quisiera ir más allá, pero asusta y respeto esa magnitud a la que no sé  si podría  hacer frente.

Tu magnitud, que me abruma y encanta. Tus manos fuertes y delicadas. Tu cuerpo, ese que admiro junto con tu ser. 

Te acariciaría suave la cara, tus labios y mientras, te miraría a los ojos. Olería tu pelo suelto, cayendo sobre tus hombros. Te besaría por fin, sin buscar nada más que ese beso durara eternamente.

¿Y después?

¿Qué pasaría después de ti?
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Febrero.

Pasan los días despacio, sin hacer mucho ruido. Pasan los días con un color gris plomizo. Pasan los días sin color, sin sol, sin mar. Pasa febrero sin brillar.

Pero para eso estás tú. Tú le pones color. Tú le pones música. Tú le pones la sal a falta de mar. Le pones brillo, le pones el calor que le falta.

Febrero te envidia con fuerza y yo te deseo todos y cada uno de sus días. Cada uno de sus días necesito verte, imaginarte y soñarte, aquí y ahora.

Mirarte con provocación cada día, esperando revivir algo que ya he sentido, pero con matices nuevos. Tus matices. Los matices de tus labios, de tu pelo, de tu sabor, de tu olor.

Febrero, aunque envidies toda su persona, dame sus matices, yo cuidare de guardarlos y protegerlos, donde no se pierdan, donde no se olviden.
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Antes de verte, te siento. Siento tu pelo moviéndose al son de tus pasos, siento cada palabra que sale de tu boca, con un sonido que me envuelve, aunque no te vea, ni te oiga. Y cuando doblo la esquina, estás allí y me llegan tus pasos, tu sonrisa y tu voz.

Me llegan las ganas, el emborrache y el yo puedo. Me empiezan a llegar frases, sonidos, imágenes que guardaré en lo más profundo para no olvidarte. Para no olvidar que tú me enseñaste más de lo que sabías que estabas haciendo.

Guardaré cada carcajada y cada roce, lo atesoraré con mimo e imaginaré que no acaban nunca. Que siguen, hasta besarte con delicadeza y acariciarte hasta que nos  despertemos, hasta que me enseñes a amar.  Hasta que me enseñes el poco a poco.

Poco a poco, como surgen las cosas buenas, sin planear, sin forzar. Viviéndolo, gozándolo, saboreando cada momento y cada susurro, cada tu y yo.

Tu y yo, lo pienso y me recorren varios escalofríos por la espalda, cosquillas en el estómago y empiezo a enrojecer.  Aventura difícil de recorrer, pero fácil de soñar. Te imagino en mis noches y te sueño en mis días.  

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